Sexy y atrevida a los 78
Hoy se cumplen 78 años del nacimiento de un personaje de dibujos animados que marcó un hito como símbolo de la liberación sexual de la mujer: la sensual Betty Boop. En efecto, el sábado 9 de agosto de 1930 Betty apareció públicamente por primera vez en la caricatura Dizzy Dishes.
Entre los ritmos musicales de 1928 en Estados Unidos se había hecho famoso el estribillo “¡boop-boop-a-doop!”, que interpretaba la cantante y actriz Helen Kane en el musical Good Boy. Dos años más tarde, el estadounidense Grim Natwick, dibujante de los estudios de los hermanos Dave y Max Fleischer –creadores del Gato Félix y, posteriormente, de Popeye el marino– dio vida a un personaje secundario para dibujos animados inspirado en los rasgos –grandes ojos, boca pequeña– y el pelo enrulado en la frente de la Kane, que había sido contratada por Paramount Pictures, el estudio que distribuía los dibujos animados de los hermanos Fleischer.
De acuerdo a su estilo, Natwick, un animador veterano de los estudios de Walt Disney y Ub Iwerks, dibujó al nuevo presonaje como un animal: era una perra caniche francesa cuyos rasgos básicos eran los de Helen Kane.

La chica vestía pocas ropas y sus largas piernas lucían descubiertas. Tenía cabello corto y sus enormes ojos negros miraban como con asombro. Era la novia del perro Bimbo, figura del estudio de los Fleischer.
Sin embargo, poco después Natwick se dio cuenta de que se trataba de un personaje muy poco atractivo. Por eso, en 1932 decidió rediseñarla. Su nuevo aspecto apareció en la caricatura Any Rags, y se extendió por diez cortos animados. Las orejas de la perrita transformadas en aros, y los rulos en un cabello muy corto, caracterizaron a una niña nerviosa y enamoradiza. Hacia fines de ese año, el dibujante Dave Fleischer se encargó de darle el toque final: una imagen mucho más femenina y sexy, que se conservó hasta la actualidad.
Desde el primer dibujo animado de Betty Boop, que hoy cumple 78 años, la voz del personaje fue representada por varias actrices de voces diferentes hasta que Mae Questel consiguió el papel, en 1931, y lo mantuvo por el resto de la serie.
En cuanto a su nombre, no siempre se la conoció igual. En algunas de sus primeras caricaturas era llamada Nancy Lee o Nan McGrew. Recién en 1931 fue bautizada como Betty, en la animación Betty Coed de la serie Screen Songs, pero no fue públicamente llamada Betty Boop hasta el corto Stopping the Show, de 1932.
La idea inicial era mantener el interés hacia Helen Kane, estrella ya en declive, pero resultó que su personaje de fantasía la eclipsó al iniciarse la serie mensual de dibujos animados de Betty Boop –personaje que, según sus creadores, tenía 16 años–.
Betty Boop había nacido como caricatura del arquetipo de la “flapper” (chica moderna de la década de 1920) yanqui: desenfadada, atrevida, moderna, de pelo y falda cortos, bailarina incansable, ácrata en los tiempos de la Prohibición. Y así asumió la apariencia que la haría célebre. una joven bella y escultural, de largas pestañas, líneas sensuales y boca en forma de corazón, vistiendo un traje ceñido que dejaba brazos, escote y espalda al aire, y una faldita que sólo llegaba hasta la mitad del muslo con un corazoncito bordado en su extremo inferior y liga a la vista.
Fijados sus rasgos con características exageradamente femeninas, ondulante y sinuosa cuando cantaba y bailaba, Betty Boop se convirtió en un fenómeno mediático de costa a costa en Estados Unidos, dando lugar a un merchandising con toda clase de productos: figuritas, toallas, muñecas, perfumes, jabones, tazas, etiquetas de cigarrillos, luncheras y hasta líneas de ropa.
Betty Boop fue el primer personaje que se animó a mostrar a una mujer sensual y a revelar su sexualidad. Con vestidos cortos que no escatiman en escote, sus creadores trataron de hacer visible su faceta sexy, haciendo que los demás personajes intentaran siempre verla mientras se vestía. En la caricatura Betty Boop’s Bamboo Isle, ella apareció sólo cubierta con un collar de flores y una pollera hawaiana, bailando el hula-hula. Toda una osadía para la época.
Sin embargo, no tardó en caer sobre ella la censura. En 1934, los guionistas debieron transformar a Betty en un ama de casa común y corriente, con vestidos largos y recatados, sin marido y sólo acompañada de un perro llamado Pudgy. Obviamente, esto hizo caer en el abismo al personaje, que ya no atraía a su público habitual. Por eso, prácticamente desapareció de la escena en 1939, y recién reapareció hacia la segunda mitad del siglo, como símbolo de la liberación sexual, en el marco del movimiento contracultural de Estados Unidos.

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